Raíces: entre el boletín de notas y mi casa

Dic 17, 2021 | Blog

El proceso migratorio conlleva una serie de cambios y duelos generados por la propia migración y las pérdidas que estos cambios generan. La red social y familiar, el grupo de referencia, la lengua y/o el idioma, la cultura y la tierra serían los ejemplos más reconocibles. El proceso de adaptación a estos cambios y las consecuencias psicosociales del mismo forman parte del proceso que se produce con la migración. A estas posibles situaciones se añadirían las diferentes discriminaciones que se siguen produciendo socialmente en múltiples ámbitos: comunitario, laboral, escolar, residencial, etc.

En este contexto multifactorial de vulnerabilidad se encuentran muchas de las personas atendidas por la entidad, así como sus familias. La pérdida de la tierra, el cambio del lugar de residencia se hace más difícil de afrontar en dicha etapa, puesto que es una decisión de los padres adultos y no elegida. Según datos de la ONU, los factores socioeconómicos son las causa del 66% de los flujos migratorios, concentrándose un 70% por ciento de esa emigración hacía países de altos ingresos. Es decir, surge una expectativa natural de las madres y padres hacía sus hijas e hijos de mejora, y el ámbito académico y de estudios supone una presión añadida junto a todos los posibles duelos vivenciados. Nos podemos imaginar esta situación, de presión en lo académico en un contexto de cambio de sistema escolar, y además, de vivienda; el lugar de estudio también ha cambiado.

Esa búsqueda en la mejora de vida, mencionada en numerosos estudios mediante el concepto de “el sueño europeo”, muchas veces no se corresponde con el alcance de las expectativas generadas. La realidad laboral según los datos del INE muestran como la tasa de paro en la población extranjera se sitúa a finales del año en 26,58%, frente al 14,46% de la población española, una diferencia de casi el doble. Siendo la hostelería y el comercio la principal ocupación, con mayores tasas de temporalidad y menores salarios, podemos concluir que el nivel de ingresos y situación socioeconómica no se establezca desde los principios de igualdad de oportunidades. La crisis del Covid 19 acrecentaría esta situación en el mercado laboral al cifrar el aumento de parados extranjeros en un 37% en este período. El nivel de ingresos y el acceso a la vivienda están económicamente relacionados. Recordamos el concepto y cambio sobre las condiciones recomendadas sobre el lugar de estudio. ¿Será éste propio? ¿Compartido? ¿Luminoso? ¿Silencioso y tranquilo? ¿Y el material? A los contenidos y al sistema se le añaden cuestiones en las que la vivienda es un factor de protección, y trasciende a otros ámbitos de la vida.

Atendiendo al informe de “Datos de la Enseñanza de la Comunidad de Madrid” el 11,7% correspondería al “alumnado extranjero matriculado en enseñanzas de régimen general”, siendo un número de miles de menores que se pueden las circunstancias mencionadas. Si las condiciones socioeconómicas repercuten en el acceso a la vivienda y en el tipo de vivienda que se adquiera o se arriende, con los datos vistos anteriormente podemos extraer que el arrendamiento sea la opción mayoritaria, y en numerosas ocasiones la única, para la población migrante. La posibilidad de hacer frente y/o adaptarse al precio del alquiler y su pago estaría relacionada proporcionalmente con el nivel de ingresos y la estabilidad laboral. A menor nivel de ingresos o mayor inestabilidad laboral, mayor presión y estrés por la imposibilidad de impago de los plazos de alquiler, incidiendo de nuevo en el bienestar emocional de menores y adolescentes, que se añaden a los ya mencionados inscritos en el proceso migratorio. Situaciones más extremas como los lanzamientos (lo que habitualmente llamamos desahucios) suponen otro factor de gravedad psicoemocional que se juntarían a la pérdida de amistades de compañeras/os de clase en el país de origen, las diferencias ideomáticas, las diferencias del sistema educativo y sus contenidos, y un largo etcétera que suponen mayores barreras al estudio. Así, pese a no tener datos desagregados por origen en los últimos informes de la CAM, los datos de abandono escolar temprano son mayores en adolescentes migrantes, y se sitúan en el 33%, frente al 16% del alumnado autóctono, siendo la mayor diferenciada en la Unión Europea según el informe sobre educación en Europa (Eurydice).

La posible pérdida de estatus social, por las cuestiones socioeconómicas ya mencionadas son otro factor de vulnerabilidad, en el que el tipo de vivienda, así como el estado del inmueble es muy visible y tangible para las y los menores. Si además se da segregación residencial, “guetos”, cobra mayor evidencia, y se une al sentimiento de pertenencia e identidad. Si establecemos esa correlación entre el “yo” y “los otros” cuando la acogida, integración e inclusión real no se ha producido, el “yo” irá inevitablemente ligado a pensamientos negativos y de inferioridad: la que no aprueba, el que no habla como el resto, los y las que suspenden por “no estudiar”, las que “no se integran”, o traen la “sexualidad prematura” a las aulas. Todos estos posibles pensamientos ficticios, no se generan de forma autónoma, ya que los mecanismos culturales que fomentan el racismo y el odio son los encargados de favorecer este tipo de mensajes en la sociedad, responsabilizando a la población migrante de su situación en numerosas ocasiones, en una clara tergiversación del contexto y situación, normalizando y evitando identificar estos mecanismos con el racismo del que manan. Si a las cuestiones propias inherentes al proceso migratorio, sus duelos y las dificultades surgidas pese al esfuerzo de “adaptación”, añadimos los factores externos relacionados con el sentimiento de acogida y pertenencia, se esboza de forma simplificada un paradigma muy complejo en las etapas evolutivas expuestas. Como ejemplo de dichos factores externos, reseñar tan sólo la información del Observatorio Español de Racismo y Xenofobia, que alerta como en tan sólo 3 meses, de junio/mayo a septiembre, la concentración de discursos antiinmigrantes aumentó del 17,1 al 30% en el caso de los menores de 18 años. Estos datos pueden dar cuenta de la confluencia de emociones, presión y racismo recibido por niñas y niños que intentan crecer, aprender y desarrollarse como el resto de compañeras/os.

Podríamos seguir profundizando sobre diferentes aspectos, y la relación que pueden guardar la discriminación por razón de origen con el ámbito residencial para multitud de niñas, niños y adolescentes migrantes, pero dejamos abierta esta reflexión mediante el post con la siguiente pregunta ¿El boletín de notas y la situación residencial guardan relación? Siendo menor racializado, desde nuestra entidad observamos que sí, e invitamos a reflexionar en cada aspecto y repercusión si tu lugar de nacimiento u origen familiar no ha sido España.

Os dejamos este vídeo realizado por la Asociación Mujeres Opañel, que refleja de viva voz las vivencias de adolescentes que viven y/o han vivido diferentes experiencias que se han intentado plasmar mediante este post:


Esta entrada ha sido confeccionada por Ángel Torremocha, alumno de prácticas del Grado en Trabajo Social de la UNED en Provivienda.

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